Bromas plomas

RESULTA QUE a Plomín le gustaban las bromas bobas.

Cuando le decían: Buenos Días…, él contestaba: «Buenos Días no, porque a lo mejor mañana llueve».

Cuando le preguntaban: ¿Cómo estás?, él contestaba: «Parado, ¿no me ves?»

Cuando le preguntaban: ¿Cómo te llamás?, él contestaba: «Yo no me llamo, me llaman los demás»

Cuando le preguntaban: Cómo andás?, él contestaba: «Ando a pie, salvo que ande en bicicleta. También ando en auto, si alguien me lleva».

Pero lo peor era cuando le preguntaban:

– ¿Qué contás?

Y él contestaba:

– 1, 2, 3… .

El otro chico le decía:

– Pero yo no te pedí que cuentes.

Y él seguía:

– Ah, está bien. 4, 5, 6,…

– ¡Basta!

– Si, ya basta. 7, 8, 9…

A veces Plomín le decía a un chico:

– ¿Querés que te cuente algo?

Y si el chico decía que sí, Plomín empezaba:

– 1, 2, 3…

La maestra le quiso enseñar a Plomín a que no dijera tantas pavadas, pero no pudo. Entonces Romualdo, el profesor de actividades prácticas, decidió inventar un Pavadómetro. Se trataba de una especie de relojito con una aguja que marcaba las Pavadas. Cuando Plomín decía alguna pavada, alguien iba y movía un poco la agujita del pavadómetro.

El sistema dio buen resultado, porque Plomín aprendió a no decir t antas pavadas. La maestra estaba tan contenta que le pidió al profesor que invente un Llorómetro y un Liómetro, para los chicos que lloraban mucho o hacían demasiado lío. El Llorómetro y el Liómetro funcionaron bárbaro, y los chicos se portaron mucho mejor.

El profesor Romualdo fabricó un montón de Pavadómetros.

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