Pelo Parado

Resulta que una vez vino al jardín un nene nuevo. Se llamaba Pedro, y era rubio y de rulos. Tenía tantos rulos, que por más que se peinara el pelo siempre le quedaba parado.

La maestra lo paró con ella en el frente y se lo presentó a todos los chicos. Les pidió que fueran amables con él hasta que se hiciera de amigos, y le presentó a todos sus compañeros, desde Berberecho, el más grande, hasta Nahuel, el más chiquito. Cuando Nahuel vio a Pedro, lo señaló y le dijo: Ese nene palado con la seño es Pelo?

– No, se llama Pedro – le dijo Martina.

– Pelo Palado?
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El juego de las mentiras

Resulta que una vez que estaban esperando a la maestra, Pifucio les dijo a sus compañeritos de aula:

– Hoy vamos a jugar a quien dice la mentira más grande.

– ¿Y cómo se juega? – preguntó Berberecho.

– Cuando la maestra hoy nos pida la tarea, le tenemos que decir que no la trajimos, inventando un motivo bien raro. Y el que dice la mentira más grande gana.

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El helado caliente

RESULTA QUE antes de dormir, la mamá le ofreció a Pifucio un vaso de leche caliente, o un helado. Pifucio pensó un rato y contestó:

– Quiero un vaso de leche fría y un cucurucho de helado caliente.

– Pero eso no puede ser, – dijo la mamá – los helados no se pueden calentar. Y la leche no se puede enfriar.

– ¿Y porqué? Yo quiero helado caliente.

– El helado no se puede calentar porque se derrite.

– Y ponele un cubito de hielo para enfriarlo.

– Pero entonces no va a estar caliente. Además, los helados se llaman helados porque están helados. Si el helado estuviera caliente se llamaría Caliente, no Helado.

– ¡ Yo quiero un Caliente de chocolate y dulce de leche! – lloró Pifucio.

La mamá le puso un poco de leche caliente en el cucurucho, y un poco de helado en el vaso. Y le dijo:

– Acá tenés tu helado caliente y tu leche fría – le dijo, y Pifucio se los tomó y se quedó muy contento.

Las canciones de Pifucio

Resulta que una vez Pifucio estaba en su salita del jardín, y quiso ir al baño.

Entonces la maestra le dijo:

– Sabés ir solo al baño?

– Pero por supuesto que sí.

– No te vas a perder ?

– Pero por supuesto que no.

– Estás seguro?

– Segurísimo.

– Tenés que ir a la izquierda, después doblar a la derecha, subir, dar una vueltita, doblar de nuevo y seguir derecho. Entendiste?

– Pero clarísimo.

– Bueno, andá.

Pifucio dobló a la izquierda, y en seguida se perdió.

Mientras tanto, en la salita de 4, la maestra estaba diciendo:

– Chicos, va a venir un nuevo maestro de música, que les va a enseñar unas lindas canciones. Mientras él viene, yo aprovecho para ir a la dirección a hacer unas cosas. No hagan lío, eh? Hasta luego.

Cuando la maestra salía de la salita de 4, Pifucio la vió y pensó:

– Ese debe ser el baño de varones. Lo que me parece raro es que de allí esté saliendo una señorita. Pero yo entro igual.

Y se metió en la salita de 4. Cuando entró, los chicos le cantaron:

– Buenos días señor maestro de música…

– Pero yo no soy…

– Queremos cantar, maestro! – interrumpió un chico.

– Queremos tocar los instrumentos, maestro! – gritó otro..

– Queremos jugar a la orquesta! – dijeron otros.

– Ud. cante y nosotros lo copiamos, como hacía el otro maestro que tení amos – propuso una nena.

– Yo tenía ganas de ir al baño – dijo Pifucio.

– «Yo tenía ganas de ir al baño» – cantaron todos.

– … y me equivoqué de puerta. – siguió contando Pifucio.

– «… y me equivoqué de puerta» – cantaron los chicos.

– Tengo ganas de hacer pis – explicó Pifucio.

– «Tengo ganas de hacer pis» – gritaron todos los chicos a la vez.

En ese momento, el verdadero maestro de música y la Directora del colegio entraron al aula, y se quedaron sorprendidos al ver a todos los chicos cantando cualquier cosa, y a Pifucio parado en el lugar del maestro.

– ¿Pero que hacés acá Pifucio? – preguntó la Directora.

– Resulta que yo quería hacer pis y …

– Pero ¿cómo vas a hacer pis en medio del aula?

– No, vi la puesta de este aula y…

– ¿Y decidiste hacerte pasar por un maestro de música?

– No, entré acá pensando que era un baño, y…

– ¿Y te pusiste a enseñarle canciones bobas a los chicos?

– No, fue sin querer, yo les estaba diciendo…

Después de aclarada la confusión, Pifucio fue al baño y volvió a su aula. El maestro de música estuvo un rato largo explicando a los alumnos que «Tengo ganas de hacer pis» no es ninguna canción.

Pifucio y el lío

RESULTA QUE Pifucio se había ensuciado el zapato con una gotita de leche. Entonces se limpió la gotita de leche con el pañuelo. Pero le quedó sucio el pañuelo, y se lo limpió con agua. Pero el agua le mojó tanto el pañuelo que lo tu vo que secar con la camisa. Pero la camisa le quedó húmeda, y la trató de secar con el pantalón.

El pantalón quedó arrugado, y entonces fue al placard para sacar otro.
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Como bañar a alguien que no se quiere bañar

Resulta que Pifucio fue a visitar a un amiguito que tenía un cachorrito, justo el día en que lo habían bañado por primera vez. (Al perro, no al amiguito).

Cuando Pifucio volvió a la cas a, le contó a la mamá como había ayudado a bañar al perro y qué limpio había quedado. La mamá le dijo :

– Entonces, vas a poder explicarle a la señora Nora como se hace esa tarea, porque se acaba de comprar un perro.

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Monstruos

Resulta que Pifucio, su mamá y Plomín fueron a visitar el Castillo de los Monstruos. La mamá les explicó que era un lugar en un Shopping donde se pagaba una entrada y unos actores disfrazados asustaban a los visitantes. Pero Pifucio le contó a Plomín que era de verdad muy misterioso y aterrador.

Cuando llegaron a la ventanilla donde se sacaban entradas, Pifucio gritó:

– Ay que monstruo más feo, me dá mucho susto! Socorro!

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