Contrera

RESULTA QUE Plomín estaba muy caprichoso y contrera, y cuando todos hacían una cosa, él hacía otra.

Una mañana en que todos las madres llevaban sus chicos al jardín, la mamá de Plomín le dijo a la maestra:

– Hoy el nene está un poco caprichoso.

– No se preocupe señora, – dijo la maestra – vamos a tratar de que se porte bien.

Cuando cada chico estuvo sentado en su lugar, la maestra dijo:

– Hoy vamos a dibujar con lápices de colores.

– Yo no quiero dibujar, – dijo Plomín – yo quiero jugar con plastilina.

– Está bien, – dijo la maestra – si querés andá a jugar con plastilina.

Después de eso la maestra dijo:

– Ahora vamos todos a hacer gimnasia.

– Yo no quiero hacer gimnasia, – dijo Plomín – yo quiero dibujar con lápices de colores.

– Pero Plomín – le contestó la maestra – si recién dibujamos con lápices de colores.

– Sí, ya sé. Pero recién yo quería jugar con plastilina.

– Está bien, – dijo la maestra – quedate dibujando mientras nosotros hacemos gimnasia.

Después de hacer gimnasia, la maestra dijo:

– Ahora vamos a ir a comer.

– Yo no quiero comer, yo quiero dormir la siesta – dijo Plomín.

– Me parece que hoy estás un poco caprichoso – respondió la maestra.

– No estoy caprichoso.

– Bueno, no estás caprichoso.

– ¡Sí estoy caprichoso!

– Bueno, estás caprichoso.

– ¡No estoy!

– Bueno.

– ¡No me diga bueno!. ¡No estoy bueno! ¡Estoy Malo! ¡ Y quiero dormir la siesta! – gritó Plomín, y se puso a llorar, patalear y revolcarse por el piso.

La maestra no dijo nada y lo dejó dormir la siesta mientras los demás comían. Cuando terminaron de comer todos durmieron la siesta, menos Plomín que quiso hacer gimnasia. Después de la siesta todos se pusieron a jugar con plastilina, y Plomín le dijo a la maestra:

– Yo no quiero jugar con plastilina, señorita. ¿Qué puedo hacer?

Entonces la maestra se puso a pensar, y le contestó:

– Ahora vamos a comer galletitas, y después vamos a ir a la clase de música.

– Yo me voy a la clase de música – refunfuñó Plomín.

– Pero mirá que después no van a quedar galletitas.

Plomín se quedó pensando que después de todo, era mejor hacer lo mismo que hacían todos, y dejó de estar caprichoso y contrera.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *