Cuentos por computadora

RESULTA QUE un día Francisca y Laura querían escuchar cuentos. El Tío Chiflete ya les había contado los dos o tres que sabía, y decidió llevarlas a lo del Vecino Inventor.

– Necesitamos unos cuentos, Vecino – pidió el Tío.

– Vamos a ver si podemos sacarlos de la computadora – contestó el Vecino.

Después de un rato de tocar teclas y pensar, de la máquina salió un papel que decía: «Había una vez un colorín colorado»

– Ese cuento es muy cortito, Vecino. Quiero otro más largo.

compu cuentos


– Bueno, lo voy a estirar.

El Vecino escribió un poco en la máquina y empezó a salir un papel escrito que no terminaba nunca. Parecía un rollo de papel higiénico con letra chiquita y decía:

«Había una vez en Constantinopla, un señor llamado Fernandocleto del Peloponeso, que tenía un caballo llamado Hermogenocles, y un gato llamado Pelandrunesco…»

– No me gusta Vecino, quiero un cuento más fácil.

– Entonces le voy a sacar algunas letras.

La máquina escribió un cuento que decía:

«La mamá cantaba para pasar la mañana, amasaba calabazas, apagaba las brasas, bañaba la albahaca, papaba natas, ataba las maracas al catamarán…»

– Ese cuento es todo con la «a», Vecino, quiero otro con más letras…

– Vamos a ver si le mezclo algunas letras más. – dijo el Vecino trabajando en su computadora. Sacó otro cuento que decía:

«Había una nena que se llamaba Caperucita Verde, que le fue a llevar una manzana a Blancanieves, pero vinieron 8 Enanitos y le pidieron que los acompañara a visitar a Cenicienta, que estaba pegando con goma un zapato de cristal que se le había roto. En ese momento vino un Lobo y se puso a soplar, y se volcó una lámpara donde vivía un Genio».

– Pero Vecino, ese cuento está muy revuelto…

– Ajá. Esperá que lo voy a lavar y peinar.

Y el cuento salió así:

«Había una toalla mojada que se cayó en una bañadera. Vino la nena toda empapada y sacó un paraguas que chorreaba agua, y le pasó una esponja húmeda a la pileta».

– Ese cuento es muy mojado, Vecino. Fijate si podés sacar uno más sequito.

El Vecino tocó algo en la impresora, y de la máquina empezó a salir papel casi en blanco. Salía papel y más papel con apenas algunas letras desteñidas.

– Parece que el cuento estaba muy seco y se secó la tinta de la máquina. Voy a tener que llevarla a que la arreglen. – dijo el Vecino.

– Y de paso tratá de comprarle un poco de imaginación cuentística.- dijo el Tío.

– Hmm. No sé dónde se conseguirá eso – dijo el Vecino con cara preocupada.

– ¿Y qué vamos a hacer con todo ese papel, Vecino? – preguntó Francisca.

– No se me ocurre – dijo el Vecino.

– A mí tampoco.- dijo el Tío.

– A mí sí. Todo ese papel en blanco me viene bárbaro para dibujar. – dijo Francisca. Y se fue a buscar sus crayones.

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