Negranieves y los 7 enanos malcriados

Resulta que una vez Plomín le pidió a la maestra que por décima vez les contara el cuento de Blancanieves.

– Pero ya estoy aburrida de contar el mismo cuento – dijo la maestra.

– Que no sea el cuento de siempre – dijo Pifucio.

– Un cuento inventado por Ud. – dijo Martina.

La maestra pensó un rato y contó:

Había una vez una joven llamada Negranieves, que vivía en una casita del bosque con 7 enanos malos. No eran malos del todo, pero eran muy pedigüeños, malcriados y haraganes.

– ¡ Negranieves ! – llamaba el enano Hambriento, – ¡Quiero que me hagas el desayuno !

– Ya va , enano Hambriento- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a hacerte el desayuno solo ? Ya tenés 122 años y todavía no sabés poner a calentar una mísera jarrita de leche…

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Enpiyamado, – ¡Quiero que me vistas !

– Ya va , enano Enpiyamado- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a vestirte solo ? Ya tenés 124 años y todavía no sabés ponerte la ropa solo…

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Cansado, – ¡Quiero que limpies el cuarto !

– Ya va , enano Cansado- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a limpiar solo ? Ya tenés 132 años y todavía no sabés pasar una escoba…

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Perezoso, – ¡Quiero que vayas a hacer las compras!

– Ya va , enano Perezoso- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a hacer las compras solo ? Ya tenés 135 años y todavía no sabés cruzarte al almacén y traer una bolsa de comida…

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Quejoso, – ¡Quiero que me saques de la bañadera!

– Ya va , enano Quejoso- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a bañarte solo ? Ya tenés 139 años y todavía no sabés salir de la bañadera y secarte …

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Quisquilloso, – ¡Quiero que me planches la camisa!

– Ya va , enano Quisquilloso- decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a plancharte solo ? Ya tenés 141 años y todavía no sabés enchufar una plancha…

– ¡Negranieves ! – llamaba el enano Mocoso, – ¡Quiero que me suenes la nariz !

– Ya va , enano Mocoso – decía ella. ¿Pero será posible que no aprendas a sonarte la nariz solo ? Ya tenés 149 años y todavía no sabés limpiarte la cara…

Ese día había sido especialmente pesado, porque Negranieves tiró el pañuelo al piso y gritó:

¡Uds. siete me tienen cansada, podrida y aburrida !

– Vos tenés obligación de hacer todo eso por nosotros – dijeron los 7 enanos a la vez.

– Obligación ? No tengo ninguna obligación…

– Sí, porque vivís en nuestra casa y siempre nos atendiste.

– ¿ Ah sí ? Entonces me voy de acá. – dijo Negranieves más enojada que antes.

– No tenés adonde ir – dijo el enano Hambriento.

– Nadie te va a querer – dijo el enano Enpiyamado.

– Eso es lo que Uds. creen. Me voy a lo de la Reina Buena. – dijo Negranieves.

– Esa Reina es una Bruja – dijo el enano Cansado.

– Tiene un castillo muy grande y difícil de limpiar – agregó el enano Perezoso.

– No vas a poder vivir sin nosotros – dijo el enano Quejoso.

– Dejen que se vaya – dijo el enano Quisquilloso.

– Ya va a pedir por favor volver – dijo el enano Mocoso.

Negranieves escuchó esta última frase, tomó un bolso con ropa y se fue de la casa dando un portazo.

Caminó un rato por el bosque hasta la parada del colectivo, sacó boleto hasta el castillo de la Reina y allí se bajó.

Luego de explicarle a la reina todo lo que pasaba en la casa de los enanos, ésta la aceptó en su castillo a cambio de que realizara algunas tareas.

A los 20 días, mientras Negranieves se limaba las uñas en el castillo, sonó el teléfono.

– Un enano quiere hablarte – dijo la Reina.

– Soy el enano Hambriento. Quiero que vuelvas a la casita. Hace 20 días que estoy esperando que alguien me traiga el desayuno y tengo un hambre bárbaro.

– Hacételo solo, enano. Yo no vuelvo a la casa de Uds. Arréglense solos – dijo, y le cortó.

Al rato sonó el teléfono. Era el enano Enpiyamado.

– Negranieves, tenés que venir. Hace 20 días que estoy sin nadie que me vista. Estoy yendo a trabajar en piyama, saliendo a pasear al centro en piyama, yendo al cine en piyama, y todos se ríen de mí…

– Ya le dije a tu hermano que se tienen que arreglar solos – dijo Negranieves, y le cortó.

Volvió a sonar el teléfono.

– Soy el enano Cansado. El cuarto está todo sucio. Hay tanta tierra que está n crecie ndo plantitas. Los bichos van y vienen entre la suciedad. La ropa se puso toda de color tierra…

– ¡No me importa ! – dijo Negranieves, y le cortó.

En seguida volvieron a llamar.

– Soy el enano Perezoso. Negranieves, tenés que venir a casa a hacer las compras. Hace veinte días que nadie compra nada como la gente. Los único que sabemos comprar y comer son semillas de girasol, y ya estamos podridos de tanta semilla de girasol. La casa está llena de cascaritas. Tenemos cascaritas en la ropa, en los zapatos, en el baño, en la cama…

– No puede ser que coman siempre lo mismo. Se van a enfermar. Aprendar a cocinar y arréglense sin mí – dijo Negranieves, y le cortó.

Pasaron dos minutos y llamaron de nuevo.

– Soy el enano Quejoso. Necesito que vengas a bañarme. Hace 20 días que no me baño y ya tengo un olor bárbaro. Cuando estoy por llegar a un lugar todos dicen : «Está por llegar el enano Quejoso». En el colectivo ya no me dejan subir y tengo que ir a todos lados caminando. Y las patas no te cuento…

– Enano Quejoso ! Ya te dije muchas veces que no puede ser que no te sepas bañar solo. – y le cortó.

Un rato más tarde sonó el teléfono. Negranieves, resignada, levantó el tubo.

– Soy el enano Quisquilloso – dijo el enano, como si hiciera falta. – Necesito que vengas a planchar. Tengo la ropa tan arrugada que parezco un acordeón. Está toda tan deformada que a veces me confundo y me pongo el pantalón en los brazos y la camisa en las piernas.

– Lo lamento, enano Quisquilloso- dijo ella. Yo no trabajo más para Uds. – dijo Negranieves y le cortó.

Un instante después volvieron a llamar. Negranieves se armó de paciencia y atendió.

– Soy el enano Mocoso – dijo una voz nasal. Hace veinte días que tengo la cara toda…

– Si ya sé ! – le gritó Negranieves. Toda llena de mocos ! Pero no es asunto mío ! Así que buscá a alguien que te enseñe un poco de limpieza ! – dijo ella, y cortó.

Cuando llegó la Reina, Negranieves le contó que la habían llamado los 7 enanos, y que seguían igual de pedigüeños e inútiles. La Reina le dijo que no se preocupara por ellos.

Pero al rato se oyeron 7 golpes en la puerta. Negranieves salió a atender, y se encontró con los enanos que habían venido a buscarla. Efectivamente, estaban hambrientos, sucios, olorosos y mal vestidos.

– Queremos que vuelvas con nosotros ! – le gritaron.

Negranieves les respondió que no quería, que prefería quedarse con la Reina. Pero los enanos insistían. Hasta que salió la Reina a ver que pasaba. Pero no salió vestida como Reina. Salió disfrazada de Bruja. Con unos dientes postizos, uñas postizas largas y puntiagudas, una escoba, un bonete negro alto y con hebilla y un búho en el hombro.

Los enanos la vieron y se pegaron un susto poderoso. Y se volvieron corriendo a su casa, y no volvieron a molestar a Negranieves.

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