Paseo Accidentado

RESULTA QUE la mamá mandó a las nenas con el Tío Chiflete a comprar un limón. El tío Chiflete le dijo que ya que estaba, podía llevarlas al shopping a pasear un rato y ver vidrieras. La mamá le dijo:

– Está bien, pero no vuelvan tarde porque estoy por hacer la comida. Tomá Tío Chiflete este billete de 20$. No gastes más de 10$, y traeme el vuelto.

– Pero por supuesto, no te preocupes, damos una vueltita y volvemos – dijo el Tío.

Se fueron muy contentos a tomar el colectivo para el shopping.

En el shopping había muchas cosas interesantes para ver: decorados, vendedores de golosinas, y bares con mozos que atendían disfrazados y en patines. También había una fuente llena de luces y chorros de agua, donde algunas personas habían tirado monedas para pedir un deseo. Francisca y Laura le pidieron una moneda cada una al tío, pero cuando éste abrió su billetera, se le cayeron a la fuente varias monedas.

– Uy, mis monedas! – se quejó el tío. Ahora no me queda ninguna para que tiren Uds.

– Vos tiraste un montón y nosotras ninguna – protestó Francisca.

En eso Laura vio un señor que vendía algodón de azúcar, y se abalanzó sobre el carro y se quiso agarrar un algodón. Francisca se lo quiso sacar para devolvér­se­lo al vendedor, y en la pelea se ensuciaron la ropa, y el algodón se cayó al piso y se llenó de tierra.

El vendedor se enojó mucho, y le dijo al tío que le tenía que pagar el algodón que habían arruinado sus sobrinas. El tío se guardó el algodón pegoteado y sucio en la bolsa, y le dió 3$ al vendedor.

Entonces entraron en el supermercado, para ver si tenían unas herramien­tas que el tío quería comprar. Y allí ocurrió otro desastre. Resulta que había una pila de frascos de dulce de frutilla. Como a Laura le gustaba mucho, quiso probar uno. Y como era muy bajita, trató de agarrar el frasco de abajo de todo de la pila. La pila se cayó Todos los frascos se cayeron al piso, y algunos se rompieron haciendo un gran enchastre.

El encargado del supermercado se enojó mucho, y el tío tuvo que pagar por los frascos rotos. El tío se puso a buscar en los bolsillos para tratar de encontrar el dinero necesario, pero le faltaban dos monedas. El empleado lo miraba con cara seria, mientras el tío sacaba de sus bolsillos tres monedas de 1 centavo de la República Dominicana, una figurita vieja, unos tornillos, un sacacorchos, un sello que decía PAGADO, y unas semillas de cardo. Entonces Francisca le dijo al oído al tío:

– ¿ Y si vamos a sacar las monedas que tiramos en la fuente ?

– Buena idea – dijo el tío, y le explicó al encargado que enseguida iban a traer las monedas que faltaban.

Cuando llegaron a la fuente, el tío les pidió a las nenas que lo sostuvieran de los tiradores, para inclinarse a levantar las monedas del fondo de la fuente. Las nenas se portaron muy bien, porque agarraron fuerte del tirador y hicieron mucha fuerza para sostener al tío. Pero cuando estaba a punto de alcanzar las monedas… ¡PLAF!, se rompió un tirador y el tío se cayó al agua.

Toda la gente que estaba comprando se dio vuelta para mirar, y al tío le dio mucha vergüenza.

– Qué barbaridad, ese señor gordo bañándose en la fuente. – dijo una señora.

– Qué maleducado, como se saca los tiradores delante de todos. – dijo otra señora.

– Qué pícaro, robando las monedas que tiran los chicos en la fuente – dijo otra.

El tío salió de la fuente, todo colorado y empapado, pero con las monedas en la mano.

Fueron al supermercado, y finalmente el encargado les dio una bolsa con los frascos de frutilla rotos.

– Vamos a casa rapidito, antes de que pasen más cosas – dijo el tío, y se fueron.

Como no tenían más monedas para el colectivo volvieron caminan­do.

Llegaron sucios, hambrientos y con la lengua afuera.

Cuando Peta la mamá los vio llegar les preguntó:

– ¿Porqué tardaron tanto? ¿Qué compraron?

– Nos pasó de todo – dijo el tío.- Acá te traje un algodón de azúcar todo sucio y pegoteado, y unos frascos de dulce de frutilla todos rotos.

– No entiendo nada – dijo Peta – ¿Porqué no tiraste todo eso a la basura?

¿Dónde está el vuelto de los 20$? ¿Porqué están todos sucios y transpira­dos? ¿Adónde te bañaste?

Entonces el tío Chiflete le contó todo lo que había pasado, que se había gastado toda la plata, que no habían podido comer nada ni comprar nada, que habían pasado un montón de papelones, y que habían vuelto caminando.

Por último Peta dijo:

– Te hago la última pregunta, Tío Chiflete: ¿me trajiste el limón?

– ¿Limón? ¿qué limón? – preguntó el tío.

– ¡El limón que les mandé a comprar! – dijo la mamá enojada.

– Uyy, el limón… – dijo el tío agarrándose la cabeza. – Con todo lo que pasó, me olvidé del limón – contestó.

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