Pelo Parado

Resulta que una vez vino al jardín un nene nuevo. Se llamaba Pedro, y era rubio y de rulos. Tenía tantos rulos, que por más que se peinara el pelo siempre le quedaba parado.

La maestra lo paró con ella en el frente y se lo presentó a todos los chicos. Les pidió que fueran amables con él hasta que se hiciera de amigos, y le presentó a todos sus compañeros, desde Berberecho, el más grande, hasta Nahuel, el más chiquito. Cuando Nahuel vio a Pedro, lo señaló y le dijo: Ese nene palado con la seño es Pelo?

– No, se llama Pedro – le dijo Martina.

– Pelo Palado?

Pifucio lo escuchó y dijo:

– Si, se llama Pelo Parado.

Y todos los demás chicos se rieron y empezaron a decirle así: Pelo Parado. Hasta que le quedó de sobrenombre.

Un día Pelo Parado se puso a llorar. La maestra le preguntó que le pasaba, y él le dijo que no le gustaba tener el pelo parado.

– Te molesta que los chicos te digan Pelo Parado?

– No, eso no me molesta, me molesta tener rulos. Yo quiero tener el pelo acostado.

– Pero cada uno es como es, y no como quiere ser.

– No importa, yo no quiero estar en una sala donde soy el único con el pelo parado.

La maestra le trató de explicar que tener el pelo parado o de cualquier otra forma no era motivo de risa ni de llanto, pero Pelo Parado seguía llorando a moco tendido. La maestra fue entonces a buscar a la directora.

Cuando salió, Pifucio les dijo a los demás chicos:

– A ver, todo el mundo a despeinarse con la mano, y dejarse los pelos bien parados. Así Pelo Parado no llora más.

Los chicos le obedecieron, y al rato estaban todos con el pelo parado. Y Pelo Parado se puso muy contento, porque ya no era el único que tenía el pelo parado.

Cuando llegó la maestra, y al ver a todos con el pelo revuelto, dijo:

– ¡Qué raro!. Pelo parado ya no llora más, pero ahora tengo una clase llena de Pelos Parados.

La directora del jardín dijo:

– Seguramente se estuvieron rascando la cabeza porque tienen piojos. Todo el mundo en fila, bien separados. Los voy a revisar.

Les revisó la cabeza a uno por uno, durante un rato largo. Y no encontró un solo piojo.

La maestra y la directora terminaron rascándose la cabeza ellas también, porque no entendían porqué tenían tantos Pelos Parados.

Hasta que Pifucio explicó:

– Nos pusimos todos así para que Pelo Parado no se sintiera mal. ¿No es cierto ? preguntó. Y todos contestaron que así era. Hasta Pelo Parado, que estaba muy contento.

Toda esa semana los chicos anduvieron con el jardín con los pelos parados. Y la maestra no les dijo nada.

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